Soy una mujer fuerte porque me crió una mujer aún más fuerte

Detrás de una gran mujer, hay una mujer enorme que deja grandes lecciones

Las mujeres fuertes vivimos bajo el estereotipo de ser intimidantes y exigentes; de tener estándares muy altos y de no mostrar vulnerabilidad alguna. La sociedad espera que seamos delicadas y suaves como el pétalo de una rosa pero cuando tienes una madre, una tía, abuela o cualquier otra mujer fuerte como ejemplo, te das cuenta de que no necesitas de muchas cosas que la sociedad impone, como un hombre para encontrar la felicidad o de alguien que te salve y te cuide la espalda.

Ser una mujer fuerte no es fácil pero cuando hay una mujer aún más fuerte que te ha enseñado, entiendes que “ser fuerte” no implica grandeza física sino mental y emocional. Cuando creces de la mano de una mujer con tal fortaleza, aprendes varias lecciones de vida como:

1. Cualquier chica puede prosperar sola y que ni tu éxito ni tu felicidad tienen que ver con la validación de nadie más que la tuya. No hay nada como ser independiente

2. Que te pueden lastimar pero jamás romper. Y que a pesar de todo, puedes perdonar; no por ellos, sino por ti. Gracias a esa mujer fuerte, has aprendido a defenderte, a tomar el dolor y el fracaso como una oportunidad de superarte.

3. Nadie tiene el derecho a pisotearte o hacerte menos. Porque no eres solo “una cara bonita” o un cuerpo. Brillas con luz propia y tienes el poder de lograr lo que desees.

4. Que llorar no equivale a debilidad y que no hay nada más perfecto que tus imperfecciones. Gracias a esa mujer fuerte que te guía, has comprendido que incluso las personas más valientes se desmoronan a veces y que es muy válido tomar un descanso.

Es gracias a ella que nunca te rindes, que siempre lo intentas de nuevo, que siempre das más. Por ella, has entendido que lo más importante eres tú y tu felicidad. Ahora te dices a ti misma que eres lo suficientemente buena, que mereces tanto amor como el que das. fuente: Nueva Mujer

Bonus: 

La atención materna, un nutriente esencial para toda la vida
Cuando una cámara de televisión enfoca a alguien del público en un evento deportivo o cualquier otro acontecimiento… ¿Qué grita la gente generalmente? “¡¡Hola mamá!!”. Casi todos nosotros tenemos la necesidad de ser vistos por nuestras madres, buscamos su aprobación.

En origen, esta dependencia obedece a cuestiones biológicas, pues las necesitamos para subsistir durante muchos años; sin embargo, la necesidad de afecto y de aprobación se forja desde el minuto uno, desde que la miramos para ver si algo estamos haciendo bien o si somos merecedores de una caricia.

Tal y como señala Northrup, el vínculo madre-hija está estratégicamente diseñado para ser una de las relaciones más positivas, comprensivas e íntimas que tendremos en la vida. Sin embargo, esto no siempre sucede así…

Con el paso de los años esta necesidad de aprobación puede volverse patológica, generando unas obligaciones emocionales que propiciarán que nuestra madre tenga el poder de nuestro bienestar durante toda o casi toda nuestra vida.

¿Cómo comenzar a crecer como mujer y como hija?
La decisión de crecer implica limpiar las heridas emocionales o cualquier cuestión que haya quedado inconclusa en la primera mitad de nuestra vida. Esta transición no es una tarea fácil, pues primero tenemos que detectar cuáles son las partes de la relación materno-filial que requieren de resolución y curación.

De ello depende nuestro sentimiento de valía presente y futuro. Esto sucede porque siempre hay una parte de nosotras que piensa que debemos darnos en exceso a nuestra familia o a nuestra pareja para ser merecedoras de amor.

La maternidad e incluso el amor de mujer siguen siendo sinónimos culturales de sacrificio en la mente colectiva. Esto supone que nuestras necesidades queden siempre relegadas al cumplimiento o no de las de los demás. Como consecuencia, no nos dedicamos a cultivar nuestra mente de mujer, sino a moldearla al gusto de la sociedad en la que vivimos.

Las expectativas del mundo sobre nosotras pueden llegar a ser muy crueles. De hecho, yo hablaría de que constituyen un verdadero veneno que nos obliga a olvidar nuestra individualidad.

Esta son las razones que hacen tan necesaria la ruptura con la cadena del dolor y la sanación íntegra de nuestros vínculos o los recuerdos que tenemos de ellos. Debemos percatarnos de que estos hace tiempo que se convirtieron en espirituales.

Por lo tanto, nos toca hacer las paces con las rarezas con las que nos tocó vivir. Sean o no sean tan malas. No podemos escapar de ese vínculo, pues sea o no sea sano, manejará siempre nuestro futuro a su antojo. fuente: lamenteesmaravillosa

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